Semana Santa

La Semana Santa, conocida como Semana Mayor, es un período de ocho días que comienza con el Domingo de Ramos y culmina con el Domingo de Resurrección.

Con la Semana Santa, los cristianos conmemoramos el Triduo Pascual, es decir, los momentos de la Pasión, la Muerte y la Resurrección de Jesucristo.

La Semana Santa está precedida por la Cuaresma, en que se recuerda el tiempo de preparación de 40 días que pasó Jesucristo en el desierto.

Las celebraciones centrales de la Semana Santa son el Triduo Pascual: Jueves Santo, Viernes Santo, Sábado Santo y Domingo de Resurrección.

La Semana Santa es un tiempo para dedicarse a la oración y reflexionar sobre Jesucristo y los momentos del Triduo Pascual, pues Jesús, con su infinita misericordia, decide tomar el lugar de los hombres y recibir el castigo para liberar a la humanidad del pecado.

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Reflexión por Semana Santa

Entrada triunfal, última cena, crucifixión y resurrección de Jesús para niños.

La Pascua es Esperanza

El milagro de la Pascua es recordar la victoria de Jesús sobre la muerte, así nosotros no sufriremos la muerte eterna; en otras palabras, no tenemos que padecer la eterna separación de Dios. Nuestro Señor Jesucristo pagó por nosotros, y resucitó después a una nueva vida. Esta nueva vida la podemos tener en nuestro interior, brindándonos esperanza y paz conforme Él nos llena de amor. ¡Resucitó! Y en consecuencia, nosotros también hemos nacido de nuevo.

Jesús no fue vencido por la muerte ni se quedó en el infierno ni en la tumba, así nosotros también podemos escapar de la muerte, del agobiante remordimiento y de pensar que estamos perdidos.

Resucitó victorioso, con júbilo, libertad y liberación, para nunca volver a morir, a fin de poderse redimir y evitar que tuviéramos que pasar por ello. ¡Qué día tan gozoso debió de ser cuando Jesús resucitó y vio que todo había terminado! Había triunfado, el mundo se había salvado. Había cumplido Su misión. La Pascua es Esperanza.

Podemos volar y remontar como el águila, por encima de las limitaciones de la vida y de nosotros mismos. Podemos dejar atrás la tortura de nuestros fracasos, incapacidades y otros impedimentos que nos contengan. Podemos ir en pos de nuestros sueños y hacer realidad nuestras ilusiones. Podemos aspirar a metas celestiales y, con la ayuda de Dios, alcanzar cotas insospechadas.

No nos limitemos a recordar la muerte de la cruz, no recordemos siempre a Cristo en la cruz, con el sufrimiento, la muerte y el temor provocados allí. No tenemos a Jesús en la cruz, Él dejó la cruz atrás. Nuestra cruz está vacía y tenemos un Dios vivo.

Gracias a la Pascua de Resurrección, la esperanza del hombre ya no está limitada al ámbito de sus posibilidades humanas. Si Jesús resucitó, ahora nosotros también podemos hacer lo mismo que Él. Basta con mirarlo a los ojos y creer. De esta manera podremos hacer nuestro el milagro pascual.

Por ello,  como cristianos salgamos al encuentro de la gente con amor y con el corazón quebrantado. Procuremos identificarnos con su dolor, sus frustraciones, su desesperación. Procuremos comprender las tinieblas, la esclavitud y el tormento en que viven nuestros semejantes. ¡Tratemos de imaginar el dolor, la sensación de vaciedad y la inseguridad que sienten! Y de todo corazón, tendámosles la mano con amor a fin de que se salven y sanen.

¡Proclamemos que celebramos un Salvador vivo, no un héroe muerto!

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